Regreso al futuro educativo

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Hoy, 21 de octubre de 2015, es la fecha del futuro a la que viajaban Doc, Marty y Jennifer en la segunda entrega de la famosa trilogía cinematográfica Regreso al futuro. Muchos medios de comunicación nos lo recuerdan (valgan uno o dos como ejemplo), y comentan las predicciones del director y el guionista, y otras curiosidades del film.


Pero aquí en lugar de hablar de aeropatines o de zapatillas que se ajustan solas, voy a echar un vistazo imaginario a otro aspecto, de poca importancia en la película pero de mucha en la vida real: el instituto de Hill Valley.

Si Marty McFly tuviese que incorporarse a su instituto en las tres fechas a las que le lleva el Delorean tuneado por Doc (1955, 1985 y 2015), ¿observaría grandes cambios en las aulas?

Suponiendo que ese centro estuviese en España, seguro que Marty percibiría bastante cambio a nivel social. Y es que pasar en un viaje de unos segundos de una dictadura, a un periodo de modernización en una democracia joven, y a una época de crisis y agitación social, tendría que notarse en algo.

Ahora bien, seguramente en el interior del IES Valle de la Colina (o algo así sería), las cosas no serían muy diferentes por mucho salto temporal que diese. Sí, algunas cosas serían distintas: los crucifijos y fotos de las paredes, la indumentaria de docentes y alumnos, los nombres de las materias (íntimamente relacionados con la ley de turno),... También le llamaría la atención el aparataje del aula, pues primero viaja a un pasado casi de tintero y multicopista, luego vuelve por un momento a su presente de libreta y libro de texto, y acaba en un futuro de tablets, redes wifi, LMS, y otra parafernalia TIC y metodológica.

Pero no nos engañemos, a Marty McFly López (permítaseme ponerle el segundo apellido para adaptar el personaje al contexto), no le iba a costar mucho adaptarse a las dinámicas y rutinas de aula de este su futuro (nuestra actualidad)... ¡porque lo esencial sigue igual! Llega al 2015 y no le sorprende que la asistencia a clase sea obligatoria y aburrida; no se sorprende de que el saber esté compartimentado y un timbre gobierne el cambio de asignaturas y tareas; ni tampoco de que le obliguen a estar sentado varias horas escuchando (sea a una persona o a un vídeo), sin preguntar por sus intereses y necesidades; ni le extraña que el aprendizaje se base en un libro, sea en papel o en digital, en vez de en la vida real; no se sorprende de que siga habiendo los mismos roles y los mismos (o casi) debates.

El pobre Marty, con la perspectiva que le otorga su estatus de viajero en el tiempo, acabará llegando a la conclusión de que la sociedad cambia, las personas también... pero la escuela sólo lo hace en apariencia. Y a veces da la sensación de que, por mucho que flucee el Condensador de Fluzo, no evolucionará ni con una energía pedagógica de 1.21 jigowatios.

Fuente imagen: artículo sobre localizaciones de películas.

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