Acabando Flipped_Intef

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La última actividad del curso de Flipped Classroom ha sido el pulido del proyecto esbozado en las tareas anteriores, gracias a los comentarios y valoraciones positivas de los compañeros. Y es que a partir de la metodología de taller de Moodle, que implica algo peligroso y polémico como la coevaluación de los estudiantes, hemos aprendido que se puede lograr una verdadera evaluación formativa, si los comentarios críticos se hacen de forma positiva y orientados a la mejora. El ejemplo de la mariposa de Austin es una buena forma de entenderlo: 


Y es que una de las cosas que más me gustan de los últimos cursos del INTEF (y ya llevo 11, contando éste), es la inducción a interaccionar con otros profesionales a través de distintos medios, ya que enriquece la asimilación de los contenidos, abre nuevas perspectivas e intereses, y es una fuente de ayuda y retroalimentación indiscutible. Digamos que te obliga a trabajar/estudiar en voz alta, a compartir, a emplear tu PLN.

El caso es que ahora parece que ya sabemos iniciar en nuestra aula una dinámica de Flipped Classroom, metodología sobre la que tenía ganas de aprender... pero ante la que siento actualmente algunas reticencias. Lo cierto es que el planteamiento me parece interesante, razonable y útil, pero trae consigo debates y problemas innegables. Algunos ya los hemos anticipado, y previsto posibles soluciones, pero no por ello dejan de estar presentes. Por ejemplo, el tema del acceso TIC al recurso: en el contexto rural gallego el problema no sería ya si los alumnos tuviesen acceso al vídeo/artefacto en casa (algunos no tienen ni internet, ni ordenador, ni cobertura), sino qué pasaría incluso en el propio centro, porque la triste realidad es que el equipamiento y la conectividad dejan mucho que desear, pese a los compromisos de la administración (si yo contara... y eso que estoy en un lugar bien comunicado). Después también habría que debatir lo de dedicar tiempo en el hogar a las actividades académicas, las formas de atención a la diversidad, la relación coste-beneficio, o los resultados de investigación al respecto, entre otras cosillas.

¿Quiere eso decir que el Flipped Classroom no mola? En absoluto. Para actividades específicas, proyectos, o momentos puntuales de una unidad didáctica, me parece muy válido. Y además tendría que explorar su potencial para repartir tareas al usar agrupamientos flexibles, para atender al alumnado que no puede asistir de forma continuada al centro (enfermedad, itinerancia,...), etc. Ahora bien, no lo veo para articular todo un curso en torno a él, como a veces se parece vender.

Y es que, como ya dije en este blog, me rechina un poco el planteamiento de panacea que en ocasiones se percibe en determinadas redes (sea hablando sobre Flipped Classroom, ABP, Aprendizaje Cooperativo, uso de TIC,...). Son opciones y herramientas útiles pero no omnipotentes, que se deben alternar y combinar, y lo más importante: que deben tener una buena pedagogía detrás, o se quedarán en un mero aparataje.

Es decir, en ocasiones habrá que darle la vuelta a la clase, y en otras darle la vuelta al propio Flipped Classroom. Pero siempre intentando mejorar.

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