Oportunidades para normalizar

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Hay veces en que desperdiciamos situaciones que podrían tener un gran potencial educativo. No por mala intención, ni por pereza, sino porque no sabemos, no tenemos ayuda, no nos atrevemos, o simplemente no se nos ocurre. Estos días he visto una escena que me ha hecho pensar en ello.

En la hora de lengua un profe explica el tema de "la comunicación" y manda leer las páginas correspondientes en el libro de texto (que siempre incluye el habitual esquemita de cómo viaja el mensaje del emisor hasta el receptor: muy original, por supuesto). Lo básico se entiende, pero a algunos alumnos les cuesta diferenciar conceptos como código y canal, comunicación verbal y no verbal, visual y auditiva,... El maestro se percata e intenta ayudar comentando, siempre de forma oral, algún ejemplo típico, pero no da la sensación de que la mayoría lo hayan captado. Por eso decide poner unos ejercicios con los que "practicar" dichos contenidos.

Mientras tanto en una mesa contra la pared lateral del aula está un alumno con TEA. El profesor de apoyo le pide, con el correspondiente apoyo visual pictográfico, que realice una de sus rutinarias actividades de asociación.

Así que en un mismo espacio, dos cosas chungas: una lección oralista, teórica, poco significativa, y una falsa integración (meramente física). Una pena no haber convertido esa situación en una experiencia de aprendizaje mucho más significativa, con relevancia social. Y también no aprovecharla para contribuir a la inclusión... ¡normalizando una situación comunicativa que se suele considerar "rara"!

La situación estaba a huevo para enseñar sobre formas de comunicación verbal y no verbal, o a diferenciar las vías visual/auditiva/táctil, haciendo un trabajo sobre los SAAC con todo el alumnado (de querer ejemplos, mejor que mostrar las señales de tráfico que aparecen en el libro, recurramos a los pictogramas que abundan en el rincón de apoyo); para ver desde una perspectiva real y práctica como la comunicación adquiere distintos modos en función de distintos factores de diversidad (desde el lugar de nacimiento, hasta condiciones de discapcidad).

Además, creo que darse cuenta de que una persona con diversidad funcional no es tan diferente como parece, por ejemplo una que necesite un SPC, pues utiliza el mismo sistema de comunicación que usamos los demás cuando localizamos un parking o buscamos un cuarto de baño, es un aprendizaje bastante más importante que cualquier contenido lingüístico que el alumnado pueda memorizar. Así que procuremos no malgastar estas oportunidades.

Sergio Palao, Igualdad de oportunidades. En ARASAAC, CC-BY-NC-SA.

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