Excursión a ninguna parte

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En casi todos los centros educativos buena parte de las horas lectivas del curso se dedican a actividades complementarias, conmemoraciones, fiestas, salidas, actividades culturales, y otras que van surgiendo sobre la marcha.

No seré yo quien diga que la enseñanza incidental no tenga cabida, pues la tiene (sería de necios desaprovechar el potencial que suponen las novedades y propuestas que nos trae el día a día, sea la oportunidad de asistir a un concierto, de ir a ver la ballena varada en la playa, o de dialogar en clase sobre el atentado del día anterior). Ni tampoco que las actividades complementarias sean poco aprovechables o estériles. Pero sí considero que lo que se haga en los centros educativos tiene que tener un porqué, un sentido,... y un referente claro de aprendizaje. Complementario significa que sirve para completar o perfeccionar algo, y ese algo es el currículo (u otro plan o proyecto de centro, por ejemplo, el PAT).

Un ejemplo claro son algunas de las salidas y excursiones. Se eligen y deciden, ¿en base a qué? Normalmente en base a la oferta que llegue al centro (abrumadora casi siempre... pero con poca base pedagógica), en base a aficiones o preferencias de los docentes (sin considerar gustos, intereses y motivaciones del alumnado, o necesidades formativas de su programación), en base a aspectos económicos, etc. Rara vez se piensa: tenemos que conseguir tal cosa, y queremos que quede mejor entendida, fijada o practicada por el alumnado: ¿a dónde podemos ir para lograrlo? Pero como este planteamiento no abunda, las más de las veces parecen algo descontextualizado (preguntémosle al alumnado sobre su relación con el aprendizaje), cuando no un simple pasatiempo (especialmente cuando son en esos días post-evaluación). Muchas excursiones acaban así yendo a algún lugar físico... pero no curricular.

Y esto es más grave cuando pensamos que la mayor parte de docentes se quejan de falta de tiempo. Porque un día por un magosto, no sé cuántas sesiones para ensayar la actuación en el festival, más una mañana para la función, sin olvidar esa excursión que justo coincide el día en que ese curso tiene con el especialista que dispone de una sola sesión semanal, más... Suma y sigue. ¿Hay que dejar de hacer estas cosas? Para nada: hay que intentar entroncarlas con lo curricular.

Nos guste o no, los colegios/institutos no son ludotecas. En los centros educativos hay un currículum que abordar y unas normas que respetar, y aunque hay actividades extra que son muy enriquecedoras culturalmente, y que fomentan aspectos positivos (convivencia, autoestima,...), antes de embarcarnos en algunas de ellas deberíamos preguntarnos como mínimo: ¿contribuye esto a lograr los objetivos que persigo (si es que los tengo claros)? ¿Guarda relación, al menos en parte, con lo que tengo que tratar en clase? ¿Reporta esto algún beneficio real al alumnado? Algunas actividades pasarán esta criba con creces: adelante con ellas. Otras nos meterán dudas, si somos sinceros: ojo con ellas, tal vez no sean pertinentes.

chezbeate, Lección regreso a la escuela. En Pixabay, CC0.

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